miércoles, enero 11, 2012

Busqueda


Con la ligereza e ingravidez del céfiro naciendo en las albas de algún tiempo, se dispersó en los silencios su voz que otrora graznaba el dolor de un yerro incierto. Calló su dolor que incipiente osaba adherirse a su respiro desde antes, desde siempre. Y fue susurro lo que emergió de su aliento hasta tornarse en palabras, hasta grabarse en las llagas del olvido como esperando el nuevo instante que sigiloso anuncia su arribo.

Con la lentitud y belleza de la luna meciéndose en las aguas de algún tiempo, se colmó su atisbo de lágrimas que vociferaban la despedida de la congoja ya reseca. Sollozó sus últimos vacíos en las manos de la esperanza como anhelando el abrazo eterno. Y fue luz su mirar que atiborró la negrura e inmensidad disipándose en su andar, sosteniendo sus huellas tenues para que cada paso se ataviara de resguardo.

Con la impronta  y certeza de un ocaso muriendo en los brazos del firmamento, se refugió su quimera en los anhelos que despiertan sobre el remanso de lo nuevo. Ocultó su mirada entera para resguardar sus sueños del instante en que el olvido emprenda el hostigamiento perpetuo. Y fue soñar tornándose capullo de flor que jamás perece en la tempestad ni relego.

Con la mesura y eternidad de un escrito descubriéndose en los pétalos de algún tiempo, se recostó en el lecho de su destino que invitaba a descubrir su ápice y hechizo. Remembró los mares que ofrendaron el naufragio de la soledad híspida, hasta sucumbir en lo profundo de las aguas salobres de un  desencuentro con su esencia. Y fue navío que arremete en el oleaje de los temores para emprender el arribo de un nuevo puerto en su océano, para emprender el peregrinaje que respira el aroma de una calma desterrando la  zozobra.

Con la fuerza y templanza de un sentimiento descubriéndose en las lágrimas de algún tiempo, se doblegó en la base de su presente sosteniendo su futuro y pasado. Clamó por toda una vida en los alaridos del llanto, hasta vaciar su pena completa y escupirla en el ostracismo como alivianando su crepúsculo  de malezas. Y fue quietud en tiempos que avecinan con la dádiva de la irresolución  y lo perplejo, pues después del fondo solo se puede acariciar la salida. Solo besó la búsqueda hasta encontrarse consigo mismo y emerger en ensueños de una quimera…

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