¿Qué decir cuando las palabras no acuden
en socorro a la presencia de los silencios?
Tal vez gritar en mil imágenes carente de mutismos
hasta que se oiga en los atisbos lo que renace.
¿En dónde buscar el remanso ausente
que se distancia en cada instante que transita?
Tal vez en los pensamientos que florecen nuevos
como el retoño que es acariciado por el relente perpetuo.
¿Cómo aletargar el sufrimiento indolente
que rehúsa a marchar hacia el desarraigo?
Tal vez encontrando en mí esencia adormecida
el despertar de una fortaleza que no ha perecido.
¿Por qué la lágrima es como un grito silencioso
que busca escapar tanto o más que el mismo dolor?
Tal vez cuando el alma sane sus llagas de antaño
se torne el alarido del atisbo en una emoción indeleble.
¿Qué sentir cuando el vacío hurtó hasta la nada
colmando con su aroma los recovecos de mis tinieblas?
Tal vez desandando el camino de un pasado cierto
vislumbre el destello que rompa en llanto a los sentires.
Y serán tantos los interrogantes sin respuestas,
y han sido tantos los quizás que han perecido en su senda.
Empero un rebrote está emergiendo en mi silente despierte,
que vibra en cada instante el comienzo de un abrazo conmigo mismo,
que despliega el vuelo hacia la aventura de lo que anhelo y mi quimera.

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