Necesito el abrazo del tiempo,
Para retornar en los instantes ya lasos,
Hasta encontrar el oriente de mis recelos,
Hasta olvidar la herida y lo que vulnera.
Inquiero al niño que se perpetuó perdido,
En la veda del tiempo y una desidia impuesta,
Hasta tomarlo en brazos y transitar los recuerdos,
Hasta descubrir su mano y conducirlo en las huellas,
Contemplo la tristeza fundida en la lágrima,
Para encontrarme con lo que abruma el atisbo,
Hasta que la esencia sane las llagas infligidas,
Hasta el emerger del vacío que feneció deslucido.
Busco incansable el bálsamo del relego,
Para que el infante anclado despierte en los años,
Hasta que su miedo encuentre mi abrazo,
Hasta que su voz se funda a mis palabras bosquejadas.
Requiero el perdón de mis yerros y tribulaciones,
Para perdonarme lo que no recuerdo ni olvido,
Hasta llorar la eternidad de una vida errante,
Hasta acariciar la esencia que sostiene mi mano.
Necesito la tristeza deje de ahogar mi respiro,
Para caminar seguro en mis travesías inciertas,
Hasta que la brisa despierte mi quimera dormida,
Hasta que avecine el tiempo de un nuevo tiempo…
Debo encontrar quien soy y hacia donde marcho. Debo disgregarme hasta donde el sosiego cubra mi andar. Debo perdonar lo que me ha hecho daño tanto o más que perdonar mis propios actos, pues estoy cautivo de un tiempo que no transcurre. Debo vivir, debo sonreír, debo soñar…Debo creer en mí…

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