domingo, enero 29, 2012

Tu mano en mi quebranto...


En el vuelo de un atardecer muriendo,
las olas de un mar bravío contemplaron la nada
meciéndose en las aguas de un olvido
para sumergirse efímera la esperanza y su tristeza.

En el ocaso de un instante intransitable,
el sol fue muriendo en los brazos de un horizonte
mientras la noche abrigaba la pena naciente
en el silencio de lo que no se oye ni menciona.

En el borde de una hoja resquebrajada,
se posó la brisa que no duerme ni perece
como expiando el vacío de una lágrima
que mora en el tronco de un viejo árbol entumecido.

En la lluvia cobijando las miradas relentes,
se refugió el recuerdo para tornarse eterno
mientras el tiempo detuvo los pasos de las huellas
para que permanezcan como esperando encontrar su senda.

En la luna que contempla desde antes y siempre,
se escribió el mandato de un relego sentenciado
escudriñando el paso del sufrimiento hasta volverse bálsamo
en el consuelo y renaciendo en el aroma de las esencias.

En lo que avecina y se marcha,
en lo que se olvida y recuerda,
en lo que hiere y sana,
en lo que alimenta y vacía,
en lo que espera y culmina,
en lo que se muestra y oculta,
en lo escrito y mencionado,
en lo que acerca y distancia,
siempre estará la huella de tu dádiva.
Siempre permanecerá tu mano en mi quebranto…

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